Se caracterizan por ser pequeños (miden entre dos y tres milímetros de largo), peludos, y estar activos en las últimas horas de la tarde hasta el amanecer. La aparición de nuevos casos de este mal en el país genera preocupación.
En nuestro país existen dos variantes clínicas importantes de la leishmaniasis: la cutáneo-mucosa o tegumentaria, y la visceral. La primera genera úlceras en la piel y afecta las mucosas. La visceral es más grave que la anterior.
Si son diagnosticadas oportunamente, ambos tipos de leishmaniasis pueden curarse. Los casos que llegaron a la muerte generalmente se debieron a la presencia de otras enfermedades de base o a un diagnóstico tardío.
Para que los insectos transmitan la enfermedad deben haber picado previamente a un mamífero. "En el modelo de la leishmaniasis visceral el portador por excelencia en el medio urbano es el perro infectado", destacó Tomás Orduna, jefe del Servicio de Patologías Regionales del Hospital Muñiz, en Buenos Aires.
Los perros pueden no desarrollar la enfermedad y convertirse en portadores sanos. Para detectarla en ellos se debe someterlos a un análisis de sangre. Y en caso de que el resultado sea positivo, se recurre a la eutanasia. Se utiliza esta medida difícil porque no existe un tratamiento para el perro, y los fármacos para humanos están proscritos por temor a que generen resistencia y se vuelvan ineficaces para curar la enfermedad.
Fuente:
www.lagaceta.com.ar
Imagen:
Portal de Perros Razas
Labrador y Golden Retriever
www.labradorygolden.com.ar